Somos lo que comemos. Psicología y dieta.

Tanto lo que comemos como la forma en que lo comemos influye directamente en nuestra salud mental, según una investigación creciente en el campo integrador de la medicina culinaria.  

Cada vez existe mayor un número de nuevas investigaciones respaldadas por el dicho de que somos lo que comemos, no solo física sino psicológicamente. Un ejemplo de ello son los estudios recientes que relacionan las dietas ricas en carne procesada, comida rápida y azúcar con la depresión (Psychiatry Research, vol. 253, 2017) y con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (Pediatrics, vol. 139, No. 2, 2017). También se están estudiando cómo los problemas de salud física asociados con una dieta pobre, como la diabetes, pueden venir acompañados de problemas de salud mental.

«No todos los alimentos son iguales, y la dieta que elegimos puede afectar a nuestros cuerpos y mentes durante semanas, meses y años», afirma Lauren Broch, PhD, psicóloga clínica con sede en la ciudad de Nueva York, especializada en problemas de alimentación y sueño.

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Y no sólo se trata de lo que comemos. La forma en que comemos también puede influir en nuestra salud física y mental. La psicóloga Barbara Fiese, PhD, profesora de desarrollo humano y estudios familiares, y directora del Centro de Resiliencia Familiar de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (UIUC), ha detectado cómo la nutrición, la biología y los factores familiares como la hora de comer o la participación de los niños en la preparación de alimentos, interactúan para conformar nuestros hábitos alimenticios en el futuro (Apetito, Vol. 126, 2018).

En la actualidad, los profesionales de la salud comienzan a formarse en este ámbito para mejorar la atención al paciente: a través de programas de medicina culinaria para médicos (combinación de habilidades culinarias y la ciencia nutricional), iniciativas de aprendizaje práctico para niños y programas de atención integrada para pacientes.

«Los psicólogos son una parte crucial en el esfuerzo interdisciplinario para mejorar la calidad de la dieta de los pacientes, lo que a su vez mejora la salud física y mental en general», afirma Leanne Mauriello , PhD, directora de ciencias del comportamiento y gestión del estilo de vida en Spectrum Health, un sistema de salud integrado basado en Grand Rapids, Michigan. «Su experiencia en el comportamiento humano les permite ayudar a los pacientes a realizar cambios exitosos y sostenidos en sus comportamientos dietéticos».

La formación de los psicólogos para trabajar en temas de nutrición es bastante variada: doctorados en psicología clínica de la salud, másteres en nutrición o distintos cursos. Cada uno debe encontrar su propia vía para aplicar los conocimientos culinarios en sus terapias mentales.

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Medicina culinaria

Uno de los líderes en el apoyo a la salud nutricional es Spectrum Health, que alcanzó casi 1 millón de miembros con 12 hospitales y 3.600 proveedores en el oeste de Michigan. El programa de medicina culinaria, lanzado en 2017, ofrece un plan de estudios para médicos residentes, así como educación continua para médicos con licencia, incluidas enfermeras, psicólogos y dietistas. Las clases combinan educación nutricional con instrucciones prácticas de cocina para proporcionar a los participantes el conocimiento, las habilidades y la confianza para cocinar comida saludable y asequible. Spectrum Health también comenzó a ofrecer clases a sus pacientes en octubre.

Los psicólogos son fundamentales para educar a los médicos sobre los principios de comportamiento asociados con la nutrición y el cambio en la dieta, y para trabajar directamente con los pacientes que necesitan apoyo para mantener una dieta más saludable.

«Los psicólogos saben que cuando los pacientes se van a casa, aún existe un conjunto de barreras y rutinas que pueden obstaculizar la aplicación de los nuevos conceptos a la cocina de su hogar», afirma Mauriello, cuya experiencia en cambio del comportamiento proviene de su formación en salud psicológica experimental. «El poder del psicólogo clínico reside en su capacidad para ayudar al paciente a superar esas barreras y para proporcionarle apoyo continuo durante el proceso completo de cambio de comportamiento».

El enfoque del equipo de Spectrum Health involucra un esfuerzo de colaboración entre psicólogos, dietistas, chefs y médicos. Para monitorizar el progreso de los pacientes, el equipo de atención médica se basa en la comunicación electrónica continua con los pacientes, revisar fotos de comidas, enviar recetas saludables y prescribir aplicaciones móviles como MyFitnessPal para ayudar a los pacientes a monitorear su propio progreso.

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Psicología y dieta. La pareja perfecta.

Los psicólogos clínicos también están incorporando nuevos hallazgos culinarios relacionados con la salud en su trabajo con los pacientes. Después de 20 años en la práctica de psicología clínica, Broch cursó un máster en nutrición después de observar un patrón en sus pacientes y en su vida personal: los problemas digestivos parecían estar estrechamente vinculados con sensaciones de mal humor y poca energía.

«A menudo sugiero una dieta de eliminación que desafía a los pacientes a eliminar los alimentos a los que pueden ser sensibles», como los lácteos, el gluten o la carne roja. Broch monitoriza cómo responden los pacientes y les indica cómo reincorporar ciertos alimentos de forma progresiva durante un período de varias semanas.

Nicole Bereolos, PhD, MPH, psicóloga clínica y educadora certificada en diabetes con sede en Dallas, ayuda a los pacientes a realizar cambios en la dieta para abordar tanto las enfermedades crónicas como los problemas psicológicos asociados. La diabetes, por ejemplo, puede presentarse con un trastorno obsesivo compulsivo o una alimentación desordenada debida a las complicaciones en cuanto a las métricas que los pacientes deben controlar, como el nivel de azúcar en la sangre y las proporciones de insulina frente carbohidratos.

Ella ayuda a los pacientes a reducir los hábitos alimenticios poco saludables proponiendo cambios pequeños y manejables. Simplemente perder unos pocos kilos puede traducirse en un aumento de la confianza del paciente y conducirle a un progreso más significativo, afirma.

Por ejemplo, una dietista indicó a su paciente que controlara la ingesta de agua, el ejercicio, los pasos, las calorías consumidas y más de 12 macro y micronutrientes diferentes para conseguir una pérdida de peso. «Se iba a cansar de eso en unos tres días», afirma Bereolos. «Mi trabajo consiste en tomar esas instrucciones y preparar psicológicamente al paciente para el éxito». Escogieron dos elementos para rastrear: proteínas y ejercicio. Bereolos dice que la paciente fue incrementando su confianza hasta que finalmente logró su objetivo de pérdida de peso.

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Psicología, dieta y… niños

Los psicólogos también son clave para el programa Illinois Junior Chefs, de la Universidad de Illinois, que enseña a niños con pocos recursos, de entre los 8 y 13 años, la importancia de una dieta saludable y cómo cocinar. Organizado en cinco lecciones de dos horas durante las vacaciones de verano, el programa experimental, que comenzó en 2016, se desarrollará a nivel nacional el próximo año.

«Sabemos que las habilidades culinarias han ido desapareciendo en la última década: los adultos cocinan mucho menos de lo que solían», afirma Fiese, cuyo estudiante de doctorado está evaluando la efectividad del programa. «Esto está comenzando a tener un impacto en los niños porque no tienen oportunidad para adquirir estas habilidades».

«Independientemente de sus antecedentes, es importante que los niños de todas las edades desarrollen habilidades de cocina independientes con el fin de que puedan tomar decisiones saludables cuando se encuentren solos», afirma Jessica Metcalfe, MPH, candidata doctoral en desarrollo humano y estudios familiares en UIUC y coordinadora de investigación del programa.

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Según una investigación realizada por Fiese y Metcalfe, los niños que participan en la clase de una semana, mejoran sus habilidades para cocinar, su actitud hacia la cocina, su comportamiento de cocina saludable y desarrollan una preferencia por las frutas y verduras (Journal of nutrición Educación y Comportamiento, Vol. 49, nº 7, 2017).

En el futuro, Bereolos afirma que los dietistas, médicos y psicólogos deberían colaborar más en el trabajo conjunto que supone el cambio de comportamiento en la dieta. «Integrar nuestra educación y práctica continuas es la mejor manera de identificar las brechas en nuestra formación. Esto nos hará seguir abriendo los ojos en lo que respecta a la relación entre la alimentación y la salud física y mental».

Fuente:

Zara Greenbaum, Noviembre de 2018

American Psychological Association

https://www.apa.org/monitor/2018/11/cover-nutritional-health

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